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Eliades Ochoa, leyenda del son cubano: «Yo quisiera ver la alegría de mi pueblo»

Eliades Ochoa (Loma de la Avispa, Santiago de Cuba, 1946), uno de los grandes maestros de la música cubana, vive desde hace muchos años en Madrid. Reside en el barrio de Quintana, donde cada día baja a la plaza, juega al dominó con los amigos, toma unas cañas…. «Hasta lo malo de Madrid es bueno», afirma este entusiasta de la capital española.

Ochoa alterna esta vida sencilla con los compromisos propios de una gran estrella de la música que a los 79 años sigue viajando y tocando por todo el mundo. Para esta entrevista, nos atiende por teléfono desde Miami, donde prepara el repertorio para un próximo disco (el último, Guajiro, es de 2023).

Este domingo estará de nuevo en Madrid para tocar en la sala La Riviera, dentro de una gira internacional que ha titulado ¡Como nunca!, como una de las canciones más populares de su repertorio, esa en la que canta: “Estoy como nunca, estoy como nunca, estoy acabando de nuevo empezando mi vida otra vez”.

«Espero ese concierto con tremenda alegría. Tocaré un repertorio que abarca desde la década de los sesenta«, explica el también líder del Cuarteto Patria, al que llegó en 1978.

En ese concierto tocará también algunas de sus grabaciones más recientes, pero no pueden faltar grandes clásicos de la música cubana como Chan chanEl cuarto de Tula y El carreterocanciones que también formaban parte del repertorio de Buena Vista Social Club, el supergrupo de grandes veteranos que se convirtió en un fenómeno global a finales de los noventa.

«Esas canciones han dado la vuelta al mundo varias veces a través del proyecto Buena Vista, usted sabe que no estoy mintiendo. El público las pide y yo me debo a él, así que no pueden faltar», afirma Ochoa, satisfecho de sus logros y profundamente agradecido a sus seguidores.

De Buena Vista a C. Tangana

El proyecto Buena Vista Social Club fue auspiciado por el guitarrista y compositor estadounidense Ry Cooder (conocido también por ser el compositor de la famosa banda sonora de la película Paris, Texas), tomando el nombre del club social real que existió en La Habana desde los años 30 hasta la revolución de 1959. El grupo grabó un aclamado disco homónimo en 1996 y un documental dirigido por Wim Wenders.

Ochoa coincidió en Buena Vista con músicos extraordinarios a los que «hacía treinta años que no veía», como Compay Segundo, Omara Portuondo, Manuel «Guajiro» Mirabal e Ibrahim Ferrer, que llevaba años alejado profesionalmente de la música y trabajando como limpiabotas. «Los echo de menos. Todos los que participamos éramos una familia», añora.

En los últimos años, la música de Eliades Ochoa ha llegado a una nueva generación de oyentes de España y fuera de ella gracias a su colaboración con C. Tangana, que rindió tributo al maestro pidiéndole que colaborase en su canción «Muriendo de envidia», de su aclamado disco El madrileño, que supuso una incursión en las músicas tradicionales españolas y latinoamericanas.

Así recuerda aquella colaboración: «Fue todo muy bonito. Me dijo una amiga que había un músico español joven que quería conocerme. Quedamos un viernes, él y su gente llegaron, me buscó con la vista y nos abrazamos. Me dijo el deseo que tenía de conocerme y me enseñó una canción para que yo colaborara con él. Le dije que sí, así que quedamos en el mismo estudio en el que hicimos Buena Vista Social Club. Llegamos con la canción en un papel, no habíamos ensayado nada, y me dio a escoger qué parte de la canción quería hacer yo».

Eliades piensa que la música cubana es especial porque «cuando te llega, se te queda para siempre». «Yo siento en mis conciertos que el público me necesita y yo necesito el aplauso del público, necesito ese aliento. Yo no pienso en retirarme, porque el mismo público se encarga de darme la alegría y la fuerza que uno necesita para estar dando vueltas por el mundo».

Ochoa recuerda sus primeras veces en España, que empezaron en Canarias. «Me pasaba dos o tres meses tocando con La Parranda de Teror», recuerda. También iba mucho a Madrid, donde acabó fijando su residencia y obteniendo la ciudadanía española. «Mi casa de Madrid la compré mucho antes de Buena Vista», recuerda.

Un guajiro autodidacta

El músico cubano, que siempre ha llevado a gala su condición de «guajiro» (el término empleado en Cuba para la gente procedente del campo) empezó a tocar la guitarra de niño de manera autodidacta, imitando a sus padres, que cantaban y tocaban por la noche con los vecinos, antes de acostarse para levantarse temprano al día siguiente a trabajar la tierra.

«Yo sacaba la melodía que había oído la noche anterior. Un día mi mamá se lo contó a mi papá cuando volvió del campo, y él me dio la guitarra y me dijo que tocara. Empecé a rasguear la guitarra y a cantar un tema en do mayor, y así empezó todo».

Ochoa se alegra de no haber ido nunca a una escuela de música. «Si hubiera ido, no tocaría lo que toco hoy en día. Yo toco lo que siento, no lo que me pongan en un papel», afirma.

Cuba y EE. UU.

Le preguntamos si cree que la música puede unir a los pueblos. Duda, pero entonces recuerda cuando Obama invitó a tocar a Buena Vista Social Club en la Casa Blanca en 2015. «Cuando yo me ví allí tocando El cuarto de Tula y a todo el mundo cantando, bailando y dándome la mano, yo pensaba que estaba poniendo un granito de arena en las relaciones de ambos pueblos [Estados Unidos y Cuba], pero no pasó nada. Obama dejó de ser presidente y yo seguí tocando la guitarra».

Ahora la relación entre ambos países está pasando un momento especialmente complicado, con Donald Trump y Marco Rubio deseando hincarle el diente a la isla y derrocar al régimen castrista. «Me gustaría ver la unidad de ambos pueblos, pero no está en mi mano. Yo quisiera ver la alegría de mi pueblo, ver a la gente riendo, no llorando. Que hubiera de todo, medicina, petróleo… Pero no está en mis manos. Yo no sé qué pasará, qué voy a saber yo, si me dedico a cantar y tocar la guitarra».

En Vamos a alegrar el mundo, la primera canción de su último disco, Guajiro, Eliades canta: «Está bueno ya de tristeza, vamos a alegrar el mundo». «Yo lo seguiré cantando -dice- y ojalá lo consigamos».