El Pistacho: » Más que una Canción, una Historia Vivida»
Antes de iniciar este escrito , me detengo en la raíz de la gratitud. Gratitud profunda hacia Juvenal Viloria, ese amigo y hermano cuya chispa creativa dio vida a una obra que, aunque nacida en su niñez y en condiciones humildes, terminó cargando una historia tan peculiar como inolvidable. Hablar de “El Pistacho” no es solo recordar un tema, es reconstruir un momento de la música , donde la intuición, la amistad y la necesidad se mezclaron sin protocolos.
Todo comienza a mediados de los años setenta, en ese período entre 1976 y 1978 donde el estudio era más que un laboratorio de supervivencia que una industria organizada. Pete Vicentini, músico inquieto y resolutivo, se encontraba grabando constantemente.
Muchas de esas grabaciones, hechas con esfuerzo y talento, simplemente no trascendían; quedaban como piezas ocultas en la historia sonora de una época saturada de intentos y de poco exito.
En medio de esa dinámica aparece la propuesta grabar un tema compuesto por Juvenal Viloria Romero, reconocido por su ingenio, el mismo detrás de “La Saporrita”. La invitación llega entre recuerdos difusos de figuras como el Dr. Rafael Machuca o quizás Víctor Butrón. No había gran presupuesto, ni una orquesta completa; la idea era sencilla pero cargada de identidad un formato pequeño que llevo a los estudios ideas.
El grupo que se reunió para aquella sesión era más circunstancial que formal. Allí estaba el cajero Carlos Perdomo, conocido como “Come Cuero”, marcando el pulso con ese sabor callejero. Juvenal, además de compositor, se sumaba con su voz y dirección intuitiva. A su lado, Johnny Arzuza y Freddy Cruz aportaban los coros, construyendo ese ambiente colectivo donde cada quien sumaba sabor. No había pretensiones de grandeza, pero sí una vibra auténtica.
Pete Vicentini asumió un rol clave no solo hizo el arreglo, sino que prácticamente estructuró el tema. Tomó la melodía que Juvenal le iba dictando, ensambló los coros y le dio forma con su instrumento de ese entonces, la flauta traversa, añadiendo un color poco convencional dentro del género. Además, grabó el bajo en playback, resolviendo con creatividad las limitaciones técnicas del momento. Fue una construcción casi intuitiva, guiada más por el oído y la urgencia que por partituras formales.
Y entonces ocurre uno de esos giros que solo la industria musical de la época podía ofrecer. Al momento de prensar el disco, el tema no salió con su nombre original ni con el crédito real de sus creadores. Fue bautizado como “La Pistache” y atribuido a un grupo inexistente: Le Group Banangan, como si proviniera de las antillas francesas. Una jugada curiosa, quizá estratégica o simplemente arbitraria, que disfrazó el origen costeño del tema bajo un aire extranjero.
Así nació “El Pistacho” entre la creatividad sin recursos, un grupo improvisado y una identidad reinventada en el último momento. Lo que pudo haber sido una grabación más del montón terminó convirtiéndose en una anécdota rica en matices, donde lo importante no fue la fama inmediata, sino el acto mismo de crear, de resolver y de dejar una huella aunque fuera disfrazada en la historia musical.
Notas finales: Datos suministrados por el mismo Pete Vicentini en entrevista exclusiva a este servidor en el año 2019 corroboracion de Juvenal Viloria a quien siempre estaré agradecido por su incondicional amistad.
Mediante este texto quiero rendir un reconocimiento sincero a la labor incansable de nuestros músicos colombianos siendo ellos guardianes de una herencia cultural que no solo se escucha, sino que se siente y busca dejar claro que detrás de nuestra música hay historia, hay verdad y hay talento. Que nuestros artistas no solo crean canciones, sino que construyen legado. Y que es necesario seguir valorando, documentando y difundiendo esas historias tal como ocurrieron, sin adornos ni inventos , porque en la transparencia también habita la grandeza de nuestra cultura. Muchas gracias a todos por creer en mi y apoyar lo bueno.
Por: Kmisalsa.
