“Tite” Curet Alonso, El “Brujo Mayor” de Puerto Rico
Google y su IA dicen que murió el 5 de agosto de 2003, pero está vivo. Vive en las casi 2.000 canciones que compuso. Héctor Lavoe, Rubén Blades, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Willie Colón, Ray Barretto y muchas más deidades de la salsa batearon jonrones con bases llenas gracias a la poesía caribe de “Tite” Curet Alonso.
Nació un viernes porque el destino es sabio. Lo suyo fue, desde su primer llanto, música para descansar de la brega semanal. En sus letras, el peso y las dolencias no es que se olviden, pero se bailan. Lo bautizaron Catalino, como su padre, quien era músico y profesor de español. Su madre, Juana, era costurera. En sus orígenes, todo queda claro. El pequeño Catalino empezó a tejer palabras, gramaticalmente bien ubicadas, con melodías afrocaribes. Así nació un poeta gigante de Nuestra América.
Nació un viernes porque el destino es sabio. Lo suyo fue, desde su primer llanto, música para descansar de la brega semanal. En sus letras, el peso y las dolencias no es que se olviden, pero se bailan. Lo bautizaron Catalino, como su padre, quien era músico y profesor de español. Su madre, Juana, era costurera. En sus orígenes, todo queda claro. El pequeño Catalino empezó a tejer palabras, gramaticalmente bien ubicadas, con melodías afrocaribes. Así nació un poeta gigante de Nuestra América.
Catalino abrió los ojos en el barrio Hoyo Inglés de Guayama. Esta tierra boricua es conocida como “La Ciudad Bruja”. Él le cumplió a su herencia. Embrujó, con rimas y melodías, todas las juergas, amores y dolores del continente. Catalino papá siguió su jolgorio con otras compañeras en las pistas de la vida. El bebé tuvo que mudarse al Barrio Obrero de Santurce con su familia materna. Fue lo mejor que le pudo pasar; todos sus sentidos se desarrollaron dentro del bonche de la cultura cangrejera. El bonche cangrejero es la fiesta popular que se fue festejando por el fin de la esclavitud, pero sin fecha ni día preciso; es igual un lunes, un miércoles o un viernes. Sin cadenas, negras y negros libertos parrandeaban en las calles que no necesitaron asfalto para ser el epicentro de la sazón del que bailotea descalzo. Allí la pena no existe, pero sí nacieron la bomba y la plena, ritmos de honor de la música latina.
Catalino creció y su nombre le disgustó. Se rebautizó, sin pasar por registro parroquial: “Tite” Curet Alonso. Mantuvo los apellidos de padre y madre. Así lo empezaron a llamar su familia, amigos y compañeros de trabajo. Fue cartero, periodista y músico. Estudió su pasión, le grabaron algunos temas, pero su primer palo fue gracias a un rechazo y al vozarrón de una cubana.
Salsa con conciencia
Otro talento descomunal de Nuestra América nació en la provincia de Yucatán, México. Nieto e hijo de mayas, Armando Manzanero solo requirió ciento cincuenta y cuatro centímetros para ser un gigante de las letras. Corría 1968 y Manzanero estaba “pegau”. Todos le pedían canciones. Sin saberlo, el yucateco le cerró la puerta a “Tite”. El aprendiz de brujo de Guayama, ilusionado, le entregó un bolero al cubano Roberto Ledesma. Se titulaba “El gran tirano”. Ledesma prefirió irse a la fija con Manzanero y le dijo “No” a “Tite”.
Pero si a su piel no la quebraron el sol y el salitre, menos un portazo iba a silenciar sus versos. “Tite” le cambió el género a la canción y se la ofreció a Lupe Victoria Yolí Raymond, “La Lupe”. “El gran tirano” que no grabó Ledesma, se transformó en un éxito global en voz de la hija de Santiago de Cuba. Hoy cualquier melómano vibra cuando suena “La Tirana”: “Según tu punto de vista/yo soy la mala/la que te llegó hasta el alma/la gran tirana”.
La vida de “Tite” cambió. El reconocimiento internacional llegó y el combo de La Fania lo recibió como uno de sus poetas más sabrosos y conscientes. Un poeta es aquel que en pocos versos condensa un sentimiento humano profundo, mismo en el que un novelista gasta, mínimo, cien páginas. Pero si este poeta, además, escribe al tiempo para las conciencias y las caderas; entonces, hace salsa con conciencia. Hace música para sudar y pensar.
“Tite”, siguiendo el tono, denunció el genocidio que las multinacionales coloniales de oro, plata, plátano, piedras preciosas, caucho, etc., cometen desde 1492. Escribió: “Camilo Manrique falleció/por golpes que daba el mayoral/y fue sepultado sin llorar/una cruz de palo y nada más”. La salsa se tituló “Plantación adentro” y la grabó Rubén Blades con la orquesta de Willie Colón. Su vigencia no tiene discusión, porque Camilo Manrique no es uno, son más de cincuenta millones de nativos originarios y descendientes, que todavía masacra la lógica económica del colonialismo salvaje que suelen llamar, de forma embustera, “desarrollo”.
El dolor de nuestros pueblos originarios, a manos de la espada y la cruz, “Tite” también lo divulgó recordando la memoria histórica de Anacaona. La cacica rebelde no solo es símbolo indígena de valentía femenina, sino que su nombre, en lengua taína, significa: “flor de oro”. Los españoles, quienes trajeron el engaño y la corrupción, timaron a Anacaona. Ella creyó en la palabra de paz ofrecida por el gobernador Nicolás de Ovando. Fue presa, injustamente enjuiciada y ahorcada en 1504. Ellos creyeron que hasta la horca llegaba su memoria, que la flor de oro se marchitaría para siempre… se equivocaron. El brujo de la palabra tejió versos y se los ofrendó a la garganta potente de Cheo Feliciano. Este brebaje poético le devolvió la vida a Anacaona, porque en cada rincón de América Latina, su memoria “valentona” danza cuando retumba: “Anacaona oí tu voz/como lloró, cuanto gimió/Anacaona oí la voz/de tu angustiado corazón./Tu libertad nunca llegó […] Anacaona, india de raza cautiva/Anacaona, de la región primitiva”.
Racismo y “selva de cemento”
Defendió la belleza del color de su piel. Fue contestatario ante el racismo de las élites. Para quienes jamás han entendido que el color negro no destiñe. Para quienes quisieron esclavizar la alegría negra. Para quienes creen que la hermosura es exclusiva de la piel insípida, los ojos claros o el cabello rubio. A ellos, “Tite” les dedicó “Las caras lindas de mi gente negra”. Un vecino suyo de Santurce, conocido como “Maelo«, Ismael Rivera, hizo que las estrofas de “Tite” fuesen una pócima prieta, sin fecha de vencimiento. El color de la voz de Rivera le saca ritmo caribe, incluso, a la columna de piedra del Big Ben: “Por eso vivo orgulloso de su colorido/somos betún amable de clara poesía/tienen su ritmo, tienen melodía/las caras lindas de mi gente negra”.
Como si ese hit antirracismo fuese poco, “Tite” Curet dejó una máxima radial exquisita sobre la belleza negra. Haciendo las veces de locutor para la Universidad de Puerto Rico, del Recinto de Río Piedras, mantuvo su programa “Tropicalísimo” desde el Estudio D. Ese estudio hoy lleva su nombre. En sus archivos se escucha la superioridad negra y los cánones de belleza femenina de “Tite”. Micrófono de por medio, dio cátedra y enfatizó que, si Puerto Rico quería ganar más coronas en Miss Universo, el color de la reina debía cambiar: “yo siempre he estado impresionado por lo lindas que son esas mulatas de Loíza, de allá arriba, esas negras que son tan bellas, porque allá la raza es pura, no está mezclada con ninguna. Entonces tienen cada ejemplar de prietas de Loíza, que yo no sé por qué es que en Puerto Rico siempre mandan a algunas blanquitas para esos concursos de Miss Universo. Si llegan a mandar una prieta de Loíza, yo creo en aquello de verdad, por mucho superan la belleza”.
Ese tránsito mestizo de Nuestra América de las montañas y los ríos a los edificios y a las avenidas hizo que los temas de composición de “Tite” se ocuparan de los problemas humanos, pero ya no en la selva, ahora en lo urbano. Para él, la América Latina de hoy tiene mucho de Nueva York. Tiene mucho de esa idea de ciudad donde el tiempo cambia, donde no hay momento para un respiro, donde todos corren, donde el que piensa pierde, donde te roban en la esquina y, si sobrevives, te matan en la otra. Esa ciudad sin empatía, esa ciudad xenófoba, clasista, peligrosa, homofóbica que desconoce la diversidad que se generó de la mixtura de indígenas, esclavos y el resto. Esa ciudad son todas las capitales desde La Patagonia hasta el Río Bravo. Él no estudió urbanismo; no lo necesitaba. La pintó así con palabras: “La calle es una selva de cemento/y de fieras salvajes como no/ya no hay quien salga loco de contento/donde quiera te espera lo peor”. Ese es el hogar de Juanito Alimaña, quien, para rematar, comete sus fechorías en yunta con la policía. Nada ha cambiado.
En esas ciudades con pocos árboles, sin agua pura ni aire, surgió el proletariado. Un tal Karl Marx dedicó su vida y obras completas a defender la dignidad del trabajador y su derecho a ganarse el pan. “Tite” no contradijo a Marx, pero sí les agregó pique criollo a sus ideas. Un filósofo, poeta y caribe como él sentía demasiado formalismo en las palabras del europeo. Decidió, entonces, hacer del marxismo un baile. Compuso “A pico y pala”. La cantó Tony Croatto. El resultado es que los proletarios de todos los países estamos uníos, bailando, cuando suena: “El hombre se hace más hombre/sabiendo que laboró/le cuadra apellido y nombre/cuando lo suyo ganó./Las manos encallecidas/son el trofeo mayor/de quien se enfrenta a la vida/ganando el pan con sudor”.
